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lunes, 19 de marzo de 2018

Montaña “Isabel de Torres” y el teleférico de Puerto Plata

Por: Taimí Antigua Lorenzo

El teleférico de Puerto Plata es el único de todo el Caribe. Está ubicado en la cima de la montaña “Isabel de Torres”, al sur de la ciudad. 

En lo alto, sobre un amplio domo se encuentra la estatua del “Cristo Redentor”, que con sus brazos extendidos le da la bienvenida a los visitantes.


Durante la subida en el teleférico se puede disfrutar de vistas maravillosas del océano y de la ciudad, así como de hermosos jardines. 

Esta montaña ha sido declarada “Monumento Nacional” por la gran variedad de especies animales y plantas que en ella se encuentran. Mientras se asciende pueden verse cuevas, manantiales y arroyos que fluyen dentro de la montaña.

Como curiosidad les cuento que el domo sobre el cual se ubica la estatua fue en sus orígenes una fortaleza. Fue construida con ese propósito por el dictador Rafael Trujillo para “proteger” a la ciudad de posibles incursiones extranjeras. Las aspilleras estaban dotadas de artillerías antiaéreas desde sus diferentes flancos. 

Además, la panorámica que se dominaba desde la compuerta la hacía perfecta para la vigilancia de todo el litoral, aunque con los años resultó ser totalmente inoperante por el clima que impera en ese ambiente. El grado continuo de nubosidad no permitía la visibilidad ni la vigilancia constante. Según explican los guías, el domo fue utilizado como cárcel durante el gobierno de Trujillo y posteriormente restaurado. 
Actualmente en su interior se encuentran tiendas donde se puede comprar joyería de plata con ámbar y larimar, una piedra semipreciosa de color azul claro que es considerada la “piedra nacional dominicana”.

Hoy en día constituye un sitio de obligada visita para quienes quieran admirar la ciudad, la naturaleza y las bellas vistas del mar Caribe.

jueves, 2 de noviembre de 2017

"¿Qué es un amor rechazado?"


"¿Qué es un amor rechazado?"

Por: Violette Motty

¿Qué es un amor rechazado?
es un dolor muy profundo,
es semilla y flor tirada al abismo de este mundo.

No hay lágrimas que lo abarquen
ni tristeza que lo mida,
es que el amor rechazado es un ave que no anida.

Es talar un árbol joven
que sus frutos nunca dio,
es segar el trigo verde cuyo brote se perdió.

Rechazar un amor puro
sin piedad ni compasión
no merece ni el recuerdo de aquel que lo inspiró.

Corazón despedazado,
sangre brotando a raudales
es el cuerpo de quien vive un amor que es rechazado.

Sólo el tiempo y la distancia
podrán aliviar un poco el recuerdo
que te deja un sentimiento ultrajado.

Pena, agonía y dolor solo quedan
cuando el amor que se ofrece
es cercenado de un tajo.

Pero la vida ¡tan bella!
siempre traerá un mañana
donde otro amor sin ocaso
te ayude a sanar la herida

de un amor que es rechazado.




viernes, 27 de octubre de 2017

"Descubriendo Mont-Tremblant"

"Descubriendo Mont-Tremblant" 
Por: Taimí Antigua Lorenzo
Uno de los paseos más agradables que pueden darse en la provincia de Québec en los meses de primavera a otoño es sin dudas a Mont-Tremblant, aunque también ofrece todo tipo de entretenimiento a los amantes de los deportes de invierno en los meses más crudos de la estación blanca.  

Se trata de una pequeñísima ciudad,  ubicada en el municipio regional de condado de Les Laurentides, y a su vez, en la región administrativa del mismo nombre. Queda aproximadamente como a 130 km al noroeste de Montreal, o a unos 140 km al noroeste de Ottawa.
Ya desde antes de llegar se disfruta del paisaje montañoso y de pintorescas casas. Hay que mirar bien el mapa, y prestar atención a todas las señales de la ruta porque entre tantas montañas altas y caminos es muy fácil perderse, tal como me sucedió a mí.

Al llegar, hay un pueblo que parece sacado de un libro de cuentos de hadas, lleno de farolas con macetas de flores que cuelgan. Allí, en la Centre-ville, encontrará un buró de información turística, donde puede obtener mapas gratuitos, ¡pero no crea que ha llegado! Debe continuar el camino loma arriba y cerciorarse de que pasa por la rotonda correcta, siempre hacia arriba, donde también hay un lago (en realidad dos grandes lagos, el Monroe y el Tremblant, y otros lagos pequeños), así como un río, Riviere du Diable (del Diablo).
Cuando finalmente llega a la villa de Mont Tremblant no puede menos que asombrarse por la belleza del lugar, la arquitectura, lo bien ensambladas que están las edificaciones de tantas cadenas hoteleras, tiendas y restaurantes en tan reducido espacio.

Hay un laberinto de jardines entre los variados restaurantes de comida tailandesa, china, pizzerías y de todo tipo. Sin contar que podrá encontrar todo lo que necesite en sus surtidas tiendas. 
Da gusto caminar por sus callejuelas empedradas loma arriba y loma abajo, pero si se cansa no se preocupe: hay un “carrusel” gratuito que lo ayudará a subir nuevamente hasta su hotel.
Para los niños hay algunos entretenimientos como un parque donde pueden escalar una montañita, donde al llegar a la cima tocan una campanita. 



Hay un enorme trampolín con ligas de seguridad para saltar hasta el cansancio, entre otras atracciones.

Casualmente, en el fin de semana en que estuve alojada allí con mi familia, tuvo lugar un festival de blues que mantuvo animada a toda la villa desde el atardecer hasta bien pasada la media noche. Hay varias plazas con escenarios para los músicos y los shows pueden disfrutarse cómodamente desde gradas,o desde las terrazas, mientras se toma unas copas de vino o unas cervezas.

A la cima se puede subir a pie, İesto lo hacen los más atléticos y valientes! El monte Tremblant, con sus 875 metros de altura, es la montaña más alta de las Laurentians. 

Debe su nombre a las tribus de aborígenes algonquinos que le llamaban “montaña que tiembla”. Por lo general las familias con niños y las personas mayores utilizan el telesférico (góndola o fonicular, según le llamen en diferentes países).

Desde la altura a la que sube puede no menos que suspirar ante tanta belleza y colorido. ¡Los paisajes quitan el aliento! 
Puede verse el río del Diablo que pasa por el costado de la villa; los senderos para subir al monte y hasta algunos ciervos, que increíblemente no se esconden de los humanos (ya deben estar acostumbrados a su presencia).
Los hoteles son simplemente maravillosos; cerca unos de otros con piscinas y saunas. Al menos puedo recomendar el Fairmont Tremblant, donde las tres saunas y las enormes piscinas me dejan en estado de éxtasis cuando las recuerdo. También su restaurante con desayuno continental, su variado menú de almuerzo y cena es una experiencia de lujo para el paladar más delicado y exigente. Las habitaciones están decoradas con muy buen gusto, y no puedo dejar de recordar las blancas sábanas y las almohadas que me hacían sentir: İ…no ya cerca del cielo, sino dentro del cielo mismo!
Dentro de la villa todo se puede hacer caminando, hay un pequeño lago y otro cercado donde hay una pequeña orilla  con arena donde los niños pueden jugar. Este resort también es un centro de atracción para los esquiadores, localizado a 5 km de la villa propiamente dicha. También tiene una pista donde se realiza la famosa carrera llamada “Circuit Mont-Tremblant”, donde participan entre otros los Fórmula Uno, Can-Am, Trans- Am y autos campeones de series mundiales.


Además, en las áreas aledañas también se pueden dar recorridos en bicicleta, andar en cayack, en canoas, pescar, jugar golf y practicar otras actividades.
Desde 2006, Mont- Trembalnt tiene su propio equipo de fútbol amateur, el Mystral, y el equipo junior de hockey AA, Les Diables (Devils).
Un poco de historia
Antes de la colonización europea, ya esta área estuvo habitada por las tribus algonquinas. Los europeos comenzaron a asentarse alrededor de 1872 alrededor de la parroquia donde oficiaba el sacerdote Antoine Labelle, lo cual ayudó a formalizar el poblado en 1879.
Ya para 1892, se terminó de construir una línea de ferrocarril desde Montreal que llegaba hasta la villa de Saint- Jovite, y que luego se extendió hasta el Lago Mercier en 1904. En 1905 se construyó un dique para la hidroeléctrica en los bancos de Ruisseau (Clear River) y en las orillas del río del Diablo (Devil's River), lo cual llevó la electricidad, inicialmente a Saint-Jovite. En aquellos tiempos las principales actividades económicas eran la agricultura y la tala de árboles.
El resort para esquiar fue construido por Joseph Bondurant Ryan, en tanto que la renta de habitaciones para descansar en Mont-Tremblant comenzó en 1939. Su familia vendió el resort en 1965 a un consorcio de inversionistas.

Según el censo de 2011, había 9494 personas residiendo en esta ciudad con una densidad poblacional de 40,5 hab./km². Los datos del censo mostraron que de las 8892 personas censadas en 2006, en 2011 hubo un aumento poblacional de 602 habitantes (6,8%), y al parecer, la cifra seguirá aumentando pues es un lugar magnífico para quienes gustan tanto de la tranquilidad de la naturaleza como del aire puro o los deportes. İEs un sitio donde se puede sentir la felicidad en las cuatro estaciones del año!


viernes, 31 de marzo de 2017

“La ciudadela de Québec”


“La ciudadela de Québec”

 Fotos: Taimí Antigua                                                            

Entre las ciudades más interesantes que hemos conocido dentro de Canadá ha sido la de Québec. Allí pudimos disfrutar del precioso castillo de Frontenac, así como pasear por la parte antigua, toda adoquinada, que me recordaba a mi vieja Habana. 

Pudimos admirar los bellos paisajes que exhibe en el verano, así como fuentes y estatuas de los padres fundadores de este gran país, exploradores y conquistadores, guerreros de muchas batallas. 


Pero me gustó sobremanera visitar “La Citadelle”, quizá porque sentía que de cierta forma andaba por mi propia ciudad. 
Todos los conquistadores construyeron fortificaciones en sus ciudades del “Nuevo Mundo” para albergar sus más preciadas posesiones, así como para alojar a las tropas que las defendían. 
No pude evitar pensar en “El Morro” o en “La Cabaña”, más en un cálido día de agosto, con todo verde, lleno de flores y acompañada de mi familia.  
La Ciudadela de Québec (en francés: Citadelle) es una instalación militar activa y la residencia oficial tanto del monarca canadiense como del Gobernador General de Canadá
Se encuentra en lo alto de Cap Diamant, junto a las “Llanuras de Abraham en la ciudad de Québec, (provincia de igual nombre). 
La Ciudadela es el edificio militar más antiguo de Canadá, y forma parte de las fortificaciones de la ciudad de Québec, que es una de las dos ciudades de América del Norte en las que siguen existiendo este tipo de fortificaciones, la otra ciudadela es de Campeche, México.
Es también uno de los Sitios Históricos Nacionales del país, y forma parte de las fortificaciones del Sitio Histórico de Québec. 
La fortaleza se encuentra en el distrito histórico del Viejo Québec, que fue designado “Patrimonio de la Humanidad” en 1985. Recibe unos 200.000 visitantes al año.
El valor estratégico de Cap Diamant fue identificado por Samuel de Champlain en 1608 y esto le llevó a fundar la ciudad de Québec en la base del acantilado. El promontorio era prácticamente infranqueable y por lo tanto la única zona del complejo que tuvo que ser fortificada fue el oeste, el único punto no protegido naturalmente por la colina.
La Ciudadela, diseñada originalmente al modo Vauban, es una instalación militar que sirve a las Fuerzas Canadienses
Es además, residencia oficial del monarca de Canadá y de su Gobernador General. Este último, por tradición, reside allí por varias semanas durante el verano, así como otros períodos más cortos durante todo el año. Como se hace en la otra residencia real federal, Rideau Hall, en Ottawa, las presentaciones de premios canadienses, investiduras y ceremonias para los embajadores entrantes y salientes y los altos comisionados de Canadá se llevan a cabo en la Ciudadela. La residencia también está abierta al público, así como también se permiten visitas educativas para los estudiantes.

Una serie de ceremonias militares relacionadas con el Real 22º Regimiento se lleva a cabo en patio de armas de la Ciudadela, como el cambio de guardia y de mando del batallón y la consagración de la cabra como mascota del regimiento (al igual que en Fort Henry en Kingston). 
Además, todos los días a mediodía, se dispara un cañonazo desde el fuerte, un sonido que se puede escuchar en toda la ciudad de Québec. Dato curioso, pues en La Habana, desde la época colonial también se dispara un cañonazo, pero a las 9:00 pm. Se hacía para avisar que la ciudad se cerraba, se pasaba una enorme cadena de una punta a la otra en la entrada del puerto y se cerraban las puertas de las murallas de la ciudad para protegerla. Con los años la ciudad creció, se derrumbaron las murallas, los piratas no la atacaron más, ¡pero aún se sigue disparando el cañonazo puntualmente cada noche!
Originalmente, dos armas de fuego eran disparadas cada día, a las 12:00 p.m. para alertar a los residentes de la hora del almuerzo y del Ángelus, o la oración del mediodía y las 9:30 p.m., marcando el toque de queda para los artilleros y soldados en la ciudad. La tradición ha continuado desde 1871, salvo entre 1994 y 2004.